viernes, 11 de marzo de 2016

LA VERDADERA VIDA NO PUEDE AGITARSE


En la plaza de París, 1996.


La verdadera vida no puede agitarse, ajetrearse, porque está muy segura de sí, muy dentro de sí, y apenas si necesita mover un dedo: fluye, fluye lentamente, armoniosamente, como un aceite manso.



R.G. Picasso, Nonell y el arte moderno, 1971.