viernes, 24 de febrero de 2017

FINAL DE DESTIERRO


El Sena, 1953. 

"El 21 de junio de 1952, después de largos años, volvía de nuevo a Europa: Me encontraba, de pronto, en París, y esa misma mañana de mi llegada entraría en el Louvre, impaciente, como hambriento, muy emocionado, casi tembloroso aunque radiante y, también... un poco triste: “Todo es triste al volver”. Por muy determinadas circunstancias, desde 1936 no había podido contemplar directamente, en su ser real y verdadero, un solo cuadro de Tiziano, de Rembrandt, de Velázquez, de Murillo o de Rubens, sino viles reproducciones suyas estampadas, “imaginarias”, algunas incluso bastante... buenas -mil veces más engañosas que las decididamente detestables-, y ahora, por fin, parecía que terminaba de una vez esa forzada abstinencia que durante muchos años, vino a constituir mi verdadero exilio".

R.G., Final de destierro (I), Roma, 1956

viernes, 17 de febrero de 2017

EL ALMA DE LA CREACIÓN

La copa vacía, 1948 

El alma, como un agua viviente, con la puntualidad y fatalidad de un agua viviente, inundadora, acude a llenar esas concavidades que, aquí o allí, han quedado dispuestas para recibirla; el alma acude (cuando acude) como un... merecimiento -por eso no podemos salir, desaforadamente,como bárbaros cruzados, en su persecución y conquista, sino esperarla tranquilos, pasivos, limpios, por si ella, por propia, piadosa, armoniosa voluntad, quiere buenamente acudir, venir y aposentarse en nosotros, habitarnos-; el alma acude (cuando acude) en donación, en gracia; no tenemos alma, la alcanzamos (cuando nos es dado alcanzarla), o mejor, nos alcanza (cuando nos alcanza). El alma acude a nosotros (cuando acude) y más raramente aún, acude también a esas obras que, en realidad de verdad, no son obras, sino, seres, es decir, esas obras nuestras que ni son obras ni son nuestras.

R.G., Velázquez, 1977.