viernes, 14 de octubre de 2016

LA ETERNIDAD DE RAMÓN GAYA Y SU MUSEO

Ramón Gaya en la escalera principal del Museo que alberga su obra. 
Fotografía Juan Ballester

El pasado 10 de octubre, Ramón Gaya hubiera cumplido 106 años, coincidiendo con los 26 que han transcurrido desde la inauguración del museo que lleva su nombre y cuida su obra. La vida de Ramón estuvo marcada con desagradables sucesos que establecieron su camino: una guerra, un exilio, pérdidas tan importantes como la de su primera mujer o vivir tantos años alejado de su hija Alicia. Ramón, fiel a su 'Roca española', así definía al Museo del Prado: "Cuando desde lejos se piensa en el Prado, éste no se presenta nunca como un museo, sino como una especie de patria"; mantuvo siempre su coherencia con lo vivo, con la pintura. Decía que escribía para entenderse, resultando ser, a la vez, un gran pensador. Y es que, como decía el poeta Eloy Sánchez Rosillo de Ramón, "todo gran creador es como un manantial que no cesa de brotar". Pintor y escritor, una de las figuras más relevantes del siglo XX en la historia de la pintura, con numerosos reconocimientos y premios, una excelsa 'Obra Completa' publicada por la Editorial Pre-textos y una obra pictórica que, cada día, nos sigue acercando a lo verdadero de la pintura, a lo que un día fue una vida entregada a la creación. Sirvan de muestra estas palabras del creador en una entrevista concedida a Andrés Trapiello en 1988 .Y que no cese de brotar ese 'manantial' que nos dejó Gaya con su obra.


Mi vida ha sido principalmente trabajo. El trabajo de una vocación, claro, no de un simple trabajo penoso y difícil, sino de una vocación irremediable, y que yo he sentido siempre, no como algo que hacía sino como algo que era, nada más. Pero ese trabajo de tantos años, en realidad lo he visto siempre como preparación, preparación para algo que no sé si estoy ya en ello. Lo que pinto ahora me sigue pareciendo preparación para otro día, para el día siguiente, y lo del día siguiente para el otro día que viene. Es decir, me parece que esto no tiene término. Para el creador no hay término conocido ni lo habrá nunca. Se trata de terminar esta vida y esta vocación en algo vivo, es decir, en algo completamente original, naciente. Es decir, en vez de llegar a una maestría, donde hay que llegar es a un principio.