viernes, 12 de mayo de 2017

VENEZIA EN GAYA


R.G. La Piazzeta, Venecia, 1953

No puedo, pues, expresar muy claramente lo que viví entonces, metido en aquel vagón que olía a mueble dejado al aire libre, a barniz caliente; se trataba, sin duda, de uno de esos minutos en que la totalidad de la persona está en juego, en que nuestras sustancias más escondidas parecen salir al exterior, darse cita en una especie de punto febril, alto, que debe tener cierto parecido, no con la muerte, sino con el tránsito de la muerte, es decir, con una excesividad de la vida. Es como un uso simultáneo de nuestras energías más dispares, y los sentidos, los sentimientos, los pensamientos, el alma, se agolpan de pronto, luchando juntos por salir, por entregarse de una vez, unidos, acordados únicamente por el frenético deseo de expirar.

Pronto estaría en esa ciudad estrambótica, de un pintoresquismo irritante, de una excepcionalidad monstruosa, y que en las fotos se parecía tanto a un capricho, a una ligereza; yo ya sabía que Venecia no era eso, y lo sabía -con una certidumbre cerril- desde que me encontré, cara a cara, siendo muy joven, delante de un Tiziano. 

Fragmento de El Sentimiento de la pintura escrito por el pintor en 1959.

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