miércoles, 24 de agosto de 2011

SITUARSE EN LA TRADICIÓN

De izquierda a derecha: Colinas, Brines, Trapiello, Gaya, Benítez Reyes, Villena y Bonet. Residencia de Estudiantes. 22 de nov. de 1994. Foto: JB

Ramón Gaya fue un pintor humilde: aspiraba a equipararse en grandeza a los pintores a los que consideraba grandes. La paradoja, como toda paradoja, parece ocultar una trampa, un mero sofisma, pero conviene recordar que muchos artistas se conforman con equipararse consigo mismos, lo que no suele pasar de ser una modalidad enrevesada del engreimiento: un vacío ostentoso, una oquedad adornada con oquedades. Es la diferencia que existe entre situarse ante una tradición y situarse ante un espejo complaciente. La diferencia entre el artista que mira a los otros para mirar dentro de sí y el artista que se limita a mirarse el ombligo. Gaya quiso entenderse como pintor y supo que, para entenderse como tal, tenía que entender antes, o la vez, otras muchas cosas.

Felipe Benítez Reyes. De: "El siglo de Ramón Gaya". Cuadernos Hispanoamericanos nº 725 diciembre 2010.

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