viernes, 14 de marzo de 2014

UN RESTO DE AQUELLAS MARIPOSAS


R.G. La copa vacía, 1948.


No, no importa que hayamos vivido, que tengamos aprendido demasiado; bastará que nos quede en el alma un resto de aquellas mariposas intactas que habitan todas las adolescencias. Porque para volver a ser ángel (aún después de mucho cieno), es suficiente querer, desearlo de verdad.

R.G. Otros escritos:1928-1996, Madrid,1935.