viernes, 2 de mayo de 2014

VENECIA

R.G. Las góndolas, 1964.

Había que encararse con aquel exceso que me escandalizaba y embelesaba a la vez, o mejor, tenía que incorporarme a su ritmo extraño, único. Porque en aquellas horas que llevaba de estar en Venecia había percibido eso: un ritmo, un ritmo de carácter, sin duda, muy difícil, una rara combinación de contrarios, una fusión de ligereza y lentitud, una especie de facilidad contenida que, más tarde, me pareció reconocer, ver corroborada en el especialísimo fluir de las góndolas.

  R.G. El sentimiento de la pintura. Italia, 1959.