viernes, 15 de abril de 2016

El extremoso deber del artista

En Roma, leyendo en el estudio del vicolo del Giglio, 1995.


No venimos a la vida para aprovecharnos de ella, sino a entregarle cuanto somos.

Cuando nos asalte la soledad, el desengaño, el dolor, aferrémonos a ese deber, a ese deber que nada ni nadie puede quitarnos, amparémonos en eso que es nuestro y muy nuestro. No, que no se diga luego triste y pobremente que cumplimos con nuestro deber; no, no sólo debemos cumplir con nuestro deber, sino esgrimirlo.


Fragmento extraído del texto de R.G. escrito en México en el año 1940 bajo el título "El extremoso deber del artista".