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viernes, 15 de julio de 2016

RAMÓN GAYA: PENSAMIENTO Y EMOCIÓN

R.G. Autorretrato con geranio, 1982

"Pocos escritores han sido capaces de unir tan inextricablemente pensamiento y emoción. Evidentemente, hay en estas cartas otros motivos de interés humano: por ejemplo, los sentimientos del pintor al reencontrarse con su hija Alicia, 13 años después de que la guerra y el exilio lo separaran de ella". 

El escritor y poeta José Manuel Benítez Ariza publicaba esta semana una crítica sobre Ramón Gaya. Cartas a sus amigos en El Cultural. 

Para leer la crítica completa: pincha aquí. 

viernes, 11 de octubre de 2013

UNA CARTA DE SUPERVIELLE

[París] 47 Boulevard Lannes
dom. 5. 5. 1928



Amigos Flores y Gaya,

Pues les espero el Lunes, pero a las 10 y media, si es posible, porque vienen unos periodistas a las once.
Con el mayor placer adquiriré tres cuadros: “el señor espera con la esposa y el niño”, y dos naturalezas muertas, la que saló en “Verso y Prosa” y otra gris (silla y sofá). Se los prestaré con el mayor gusto para la pre-exposición en lo de Matilde Pomés.
Un cordial apretón de manos de su affmo.
Jules Supervielle


viernes, 30 de agosto de 2013

PRIMERA CARTA QUE SE CONSERVA DE RAMÓN GAYA


Primera carta que se conserva de Ramón Gaya enviada a Juan Guerrero el día 30 de julio de 1927.



Murcia 30 jul 1927

    Querido amigo Guerrero: Le escribo a usted en plena alta mar del calor, las tres de la tarde.
Su carta llegó al principio del día, con las primeras olas, las ocho de la mañana. Llegó llena de noticias agradables y de alabanzas.
JuanRamónGuerreroBonaféGaya. ¡Qué tejido!

    Me alegro que le gustara el bodegón. No me alegro que quisiera robármelo tan pronto. Me asusta el pensar lo viudo que me quedaría sin él, no tendría valor para presentarme en ningún sitio sin esa cédula personal de mi mejor cuadro, que me acredita por lo menos, de buen aprendiz, es algo así como un certificado de buena conducta artística. Hay que ponerle marco ¿no le parece?

    El martes iré a su casa a las cuatro... y media, puesto que ya estará usted aquí.

    Si recibe mi carta antes de marcharse a Lo Pagán dé usted recuerdos míos a Oliver.

    Un abrazo para ese cuadro de Renoir viviente y pelado de Juan Arturo y un apretón de manos para usted de
                                                                         su amigo
                                                                                                             Ramón Gaya


    He terminado un retrato de mi madre y siento ganas de empezar muchas cosas más.
Tiempo, me hace falta tiempo.

Para Juan Arturo
este Platero.

viernes, 15 de marzo de 2013

RECOMENDACIONES SOBRE EL PRADO


Anotaciones y recomendaciones sobre el Museo del Prado que Ramón Gaya le envía a su amigo Luis Marsans. Enero de 1972.

viernes, 17 de agosto de 2012

CARTA A TOMÁS SEGOVIA

Ramón Gaya con Concha Albornoz en Florencia. Verano del 52. 



Florencia,   29  julio  1952


Querido Tomás: Ayer tarde recibí aquí, en Florencia, tu carta fechada el 15 y el 17 de julio, y dirigida todavía a Venecia; dices en ella que acabas de recibir una carta y una tarjeta mías, pero no dices cuales son, ni puedo sospecharlo, ya que te refieres a un cuadro de Zurbarán que te mandé hace mucho tiempo. Bueno, es lo mismo.
Lo que sí es importante es tu estado -no del todo admisible- de casi desesperación; me desilusiona un poco ver que, a pesar de tus sabidurías, no adelantas nada -o por lo menos, muy poco- en el conllevar y dar buen cauce a tus tribulaciones. La página que copias, en la carta, de tu diario, me gustó mucho, y me hace creer que sí puedes convertir un material negativo en un fruto positivo; ése es el camino bueno: Trabajar, trabajar y trabajar. No esperes la llegada de la inspiración, porque la inspiración no llega así, de pronto y sin sentido, sino como un premio; la inspiración existe, pero debemos actuar -trabajar, esforzarnos, forzarnos- como si no existiera. En fin, basta de predicar; tú mismo encontrarás la salida.
En cuanto a escribirte, como me pides, sobre mí y sobre todo esto, es casi imposible. No puede entenderse nada de esto desde ahí. Y lo que me dices del Zurbarán, me lo confirma, porque sí es verdad que la reproducción lo equivoca todo, pero no podía sospechar que te diese una impresión tan falsa; no, nada de bodegones del XIX mexicano, sino un cuadro de primer orden, arrollador, fresco y pleno como pocas cosas. Esa mala interpretación hace que no me atreva a mandarte más cosas. También es verdad que te llegó el mosaico, pero siempre creeré que puede sucederte como con el Zurbarán, y me parecería una injusticia -y casi una irreverencia- con la cosa escogida; la verdad es que las reproducciones sólo sirven para recordar después de haber visto. Muchas de mis ideas sobre algunas gentes -Miguel Angel, por ejemplo- han tenido que modificarse un poco; lo que yo pensaba y sentía estaba bien, pero necesitaba reajustarse.

Postal de Ramón Gaya. Florencia.


En estos últimos días he visto cosas imponentes. Estuvimos en Padua (donde están los Giottos más hermosos) y en Vicenza (una ciudad maravillosa y donde visitamos una Villa -Villa Valmarana- que está decorada por Tiépolo -todas las habitaciones, en donde viven sus dueños- y que es una preciosidad. Después Verona (la repanocha, como dice [Santos] Ruiz), una ciudad muy completa, medieval, ALEGRE, viva, sin retoques, sin nada moderno y muy actual, en lo actual. Después Bolonia, preciosa también, majestuosa, un poco basta, grande, medieval y renacentista. Y el trueno gordo: Florencia. Florencia es, quizá, lo que prefiero. (Y no creas que me resulta fácil decir o escribir esto). Está muy estropeada por los bombardeos -toda una calle con casas modernas, vueltas a edificar- y no se consuela uno; todo los días (al ver esa calle y algún otro desperfecto en el mero centro antiguo) me pongo nuevamente de mal humor. (¡Qué estúpido es que pueda producirse una cosa así, tan inútil, tan estéril!) No puedo describírtela -las obras de arte son casi lo de menos-, su color, su polvo, su lluvia, su descolorido, su ocre, su fortaleza, su gracia  -la delgadez que consiguieron darle a esa fortaleza-, su río terroso, gredoso, ocre, sus cipreses, sus olivos casi dentro de la ciudad (pues bajan por los cerros -suavísimos, tiernos, amigos- hasta tocar las primeras casas y los palacios), su cielo, sus plazas, sus calles, sus tabernas, sus atardeceres, sus gentes -menos guapas que en Venecia, pero más... puras-, sus ¡MUSEOS!  Pasamos de largo por los pasillos regados de bustos romanos,  de estatuas... No se puede más. Todos dicen que tengo una resistencia única, pero cuando llego al hotel por la noche -a las 10 de la noche- caigo en la cama como en un sarcófago, es decir, como en un lugar del que parece que no se levanta uno. (Ayer inventé que tomáramos todos Fitina para poder resistir). Hoy parece, en efecto, que no estamos tan cansados. Estoy casi triste de ver todo esto; siento ganas de vivir un año o dos en cada una de estas ciudades, y sé muy bien que eso no puede ser. Empiezo a pensar que vives en un estado privilegiado de ignorancia. ¡Y todavía me queda Roma! No sé, no sé qué podré hacer.
No sigo. Me llaman para ir al Palazzo Pitti.
No dejes de ir a casa de los Orfila y llevar mis cartas y mis tarjetas pues no puedo escribir apenas, y menos a varias personas. Si te digo que casi no tenemos tiempo de desayunar, no te miento nada. ¡Qué paisaje el de Verona-Florencia! El coche es comodísimo, pues podemos detenernos en cualquier parte. Saludos a Manolo [Durán] 
Ramón



Carta de Ramón Gaya a Tomás Segovia.


Postal de Ramón Gaya. Vicenza.

viernes, 3 de agosto de 2012

UN RETRATO PARA MÍ

 Ramón Gaya. Retrato de Juan Gil Albert. 1937. (Detalle)

 He tenido que pintar -y tengo algunos todavía “pendientes”- algunos retratos (no tan malos como los hacía entonces), pero en venganza he pintado para mí -como tu dices- muchas cosas. Claro que en la venta grande se han ido también  todas esas cosas y me temo que no podrás ver nada de todo eso. He vendido -a un millonario- un lote de cien cosas, entre óleos, acuarelas y pasteles, y por otro lado he vendido un lote de treinta pasteles. Tuve que enmarcar todo,  no te digo más; he pagado, no en la Gavies, sino en un sitio muy barato, más de seis mil pesos de marcos solamente. Me da mucha envidia todo lo que me dices que no has visto (y claro, también lo que has visto). Aquí no existe ese problema, desde luego, y se vive en un limbo que a ti te atrae, pero que a mí me resulta repugnante, inadmisible. No me explico por qué no trabajas nada; es lo único que se lleva uno de aquí: lo que se ha trabajado. Yo he pintado mucho, en el sentido de volver (en serio) al cuadro de tema; todas las preocupaciones de la pintura moderna me parecen -en el mejor de los casos- muy míseras, muy tristes. Y quiero salir de ese estado.

Ramón Gaya. De una carta a Soledad Martínez, fechada en México, el día 7 de diciembre de 1955.
 
Ramón Gaya. Retrato de Juan Gil Albert. 1937

viernes, 20 de julio de 2012

COINCIDENCIAS DE ACTITUD

Ramón Gaya mirando una fotografía con un relieve de G. Manzú. Valencia, 7 de febrero de 2004. Foto: JB


En casa del Manzú vi una serie que está haciendo de relieves -nada de encargo, completamente libre- que me impresionaron muchísimo; quizá, sí, está mucho más maduro que yo, más realizado, porque nada les perturba ni les distrae a esos seres... limitados a su... cerrazón plástica. Me sirve, no para seguirle como comprenderás, sino como un ejemplo, como una equivalencia que me fortalece, que me ayuda a seguir con lo mío. De temperamento, de naturaleza somos muy distintos, aunque coincidimos en una especie de actitud (frente al arte moderno, y en pertenecer uno y otro, a esa línea que yo llamo del sentimiento, para diferenciarla de la otra, más llevada hoy, de la expresividad).

Parte del texto de una carta escrita por Ramón Gaya a Juan Gil Albert. Otoño de 1957. Roma.

sábado, 29 de octubre de 2011

SER ALGO

Metopa del Partenón. Museo del Louvre. París


París 4 julio 1952

Parecerá, desde ahí, muy imposible que no pueda escribir cartas, pero es la verdad. Se está en un fragor constante, no hay tiempo para nada, y cuando termina el día, se quiere dormir simplemente, descansar de tanto alimento. Para un ritmo lento y contemplativo como el tuyo, sería difícil; claro que terminarías por limitarte a una de las partes de París, olvidando todas las demás. Pero es terrible (estando así, como yo, de paso) ver alrededor nuestro tantas y tantas posibilidades a vivir. El 12 salgo para Venecia (no sé dónde dormiré en Venecia, porque parece ser que todo está repleto, pero no me apura lo más mínimo) y esperaré a Concha, a Clarita y a Juan, que llegarán allí el 19. He visto (en el Louvre) un trozo original del Partenón que me dejó tieso; cuando ve uno piezas así deja, instantáneamente, de entender de arte. Pero la adquisición más decisiva -al entrar en Europa- creo que es la de tomar posesión (de nuevo) de la Edad Media; yo tengo la sensación de haber recuperado un miembro o un sentido (un brazo, el oído), y más que ver y contemplar algo, siente uno que pasa a ser algo, algo como un espíritu casi físico, un espíritu corpóreo, una verdad completa.

                Hasta otra.
                                         Ramón



Carta de Ramón Gaya a Tomás Segovia.