viernes, 24 de agosto de 2012

CARNALIDAD Y ESPÍRITU

 Ramón Gaya. Dos granadas (detalle) 1989.



R.G. La pintura pertenece, claro, al espíritu, pero para que ese espíritu se manifieste hay que darle cuerpo, carnalidad. Con la poesía ocurre lo mismo. Puede tratarse de un grito del espíritu, quizá muy leve, pero necesita una carne, tomar cuerpo, y esa carne sería el poema. Si no hay obra, poema, todo queda redu-cido a una sensación que alguien ha sentido; y sensaciones tenemos todos, poco más o menos, por igual. Cualquiera puede tener una intuición en su vida, de la "vida del espíritu". Lo que pasa es que esa persona si no es un creador de arte (música, pintura, poesía) su sensación, su sentimiento quedará para sí mismo, ignorado, encerrado. El artista es alguien de quien yo me fío poco, parece que tiene que ver más con lo decorativo, mientras que el creador es alguien que pretende darle caza a ese algo misterioso del espíritu que percibe, y le da cuerpo; entonces lo convierte en una escultura, en una sonata o en un cuadro. Lo que no debe ser es que esa carnalidad que el creador aporta a ese espíritu que intuye, sea mayor que el espíritu que encierra. Al buscar esa carnalidad no se debe perder de vista el espíritu que se pretende encarnar, ni ir más lejos. La carnalidad tiene que ser proporcionada con el espíritu que se quiere expresar, no puede ser mayor. Tiene que darse la carne, pero hay que detenerse a tiempo; de lo contrario se produce una obra de creación en la que la forma anula el contenido. De eso hay ejemplos todos los días. Quizá eso es lo que ha pasado con la pintura abstracta, que buscando un cuerpo para algo que quizás tenía un valor, se les ha ido de las manos, y se les ha quedado en un cuerpo solo, vacío.

Ramón Gaya. De una entrevista a Antonio Parra. 1989.




Ramón Gaya. Dos granadas.1989.