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viernes, 21 de febrero de 2014

LA SAMARITANA


 Ramón Gaya. Detalle de "La Samaritana". 1960.

R.G. En fin, encuentro que tengo unas ideas muy diferentes de lo que se ha estilado, pero no me gusta esta soledad en que he vivido... No: yo no tenía esa vocación. Yo tenía vocación de ser "verdadero", "auténtico", y ha sido por eso por lo que he tenido que "apencar" con esa soledad. También tengo, desde hace varios años, la preocupación, la intención de volver al "cuadro de tema" precisamente. Intentarlo con modestia, porque hoy no se puede volver con todas las consecuencias. La pintura se ha empobrecido con el abandono de los temas clásicos, al no sentir los pintores de hoy el compromiso que tuvieron nuestros antecesores: Tiziano, Rembrandt, Velázquez, Goya... No haber continuado ese camino ha sido una cobardía de la pintura actual, llamada moderna. Cuando digo moderna quiero decir Cézanne, Van Gogh, Picasso. Eso es lo que me parece "pintura moderna". Ellos han dado un paso muy sincero y con muchísima fuerza... Pero sí, no me parece que se hayan atrevido.

Ramón Gaya. De una entrevista concedida a Juan Luis López Precioso. (ABC) 1995


 Ramón Gaya. "La Samaritana". 1960.

viernes, 24 de enero de 2014

ALGUNOS BUENOS AMIGOS

Ramón Gaya. Dibujo de Salvador Moreno y Tomás Segovia mientras que recibían una clase de pintura. México, 1948.


MÉXICO, 18 de junio.
Llegada a México. Atontamiento y cansancio. Una cierta alegría. Sensación de ceguera. Algunos buenos amigos han venido a recibirme. Un cielo espléndido, de una belleza desmesurada. Todo parece asentado en su lugar. No, no falta nada, o casi nada. Falto... yo. Veremos cuando llego.

R.G. Diario de un pintor, 1953

viernes, 3 de enero de 2014

LO POSITIVO Y LO NEGATIVO

 Ramón Gaya. Detalle de "Boceto para la Pintura" 1986.

Lo positivo inmediato -la belleza, lo perfecto, el bien-, es siempre como un tope, es algo que, a su sola aparición, se detiene y nos detiene; lo positivo no nos lleva a ninguna parte, porque es ya de por sí, final. Lo negativo, en cambio, por terrible que pueda parecer, o incluso, ser, diríase que empieza, que inaugura, que abre vivamente algo ante nosotros; más que un horizonte, eso que abre es como un abismo, sí, pero es como un abismo... infinito, rico, repleto de bienes profundos, que, poco a poco, habrá que ir descifrando, que ir rescatando.

Ramón Gaya. De "Anotaciones e insistencias". Obra completa. Edt. Pre-Textos.


"Boceto para la Pintura"

viernes, 29 de noviembre de 2013

EL ARTE COMO MEDIO

Ramón Gaya. Detalle de "La Plaza de San Juan". 1975.


R.G. Mi manera de ver el arte difiere mucho de la de los demás. No es que quiera hacerme el original, pero a mí el arte, en definitiva, si no es más que arte, me interesa poco. El arte me parece un medio, algo de donde tomar unas armas, unas herramientas, pero nada más. A mí lo que me interesa es la creación. No el arte, en eso soy muy insistente. Y así como a Valéry o a Mallarmé lo que les interesa es el poema, a mí no. Para mí el poema es lo que no tenemos más remedio que hacer -el poema o el cuadro-, porque de lo contrario no habría nada; pero eso no es más que un lugar en el que, detrás, por encima o como transparencia debe estar eso otro que es lo que uno busca. Eso otro que uno busca creo que es una criatura real, no un reflejo, no una imagen de la realidad, sino una criatura real, pero hecha en colaboración con la realidad. Por eso yo hablo siempre de carnalidad, porque ha de tener esa carne que tiene la realidad. Yo veo que la obra de arte pura no tiene carne. Creo que hasta puede tener espíritu, pero no tiene carne. Es como un artefacto que puede ser incluso a imagen de otra cosa: de una cosa que se quiere decir o expresar, o una imagen de la propia realidad, más directa, pero lo sigo viendo como artefacto. Pienso que el creador verdadero, el más alto, el más profundo, aspira a hacer desaparecer eso. De ahí que mi entusiasmo por Las Meninas no sea sólo el entusiasmo de un pintor que ve un cuadro muy bien pintado, no, es que para mí es un milagro que él haya dado con eso, haya acertado. Creo que es la obra más alta que se ha hecho, la que ha ido más lejos. Es una obra que a mí me parece que niega el cuadro, que niega incluso la pintura. Ya lo he dicho, lo he escrito: en último término a Velázquez tampoco le interesa la pintura. Lo que pasa es que eso que tiene que dar, que expresar, tiene que darse a través de la pintura, a través de la poesía pero la pintura tiene que quedar atrás. Esto es inevitable. Algunos espiritualistas o, más bien, espiritistas, como por ejemplo Mondrian o el mismo Paul Klee, han querido hacerlo de otra forma, eludiendo la pintura, y resulta que eso no se puede eludir, eso hay que asumirlo, eso hay que tragárselo. No se puede evitar, no se puede dar un rodeo para ir a buscar eso que hay detrás. Para mí el creador verdadero es aquel que deja el cuadro inservible y llega al fondo de la cuestión, deja la realidad inservible y el cuadro también, que es lo que hace Velázquez con Las Meninas: ¡Eso no es un cuadro! Un cuadro es lo que pinta Poussin, por ejemplo; unas figuras con unos relieves, con una luz, con un paisaje de fondo, eso es un cuadro, es decir, un poco lo que es un tapiz. Pero Las Meninas no es eso. Las Meninas es la prueba, la huella que nos deja Velázquez para que nosotros sepamos que él ante la realidad ha visto eso. No la realidad misma, sino lo que había detrás de la realidad; ese misterio, ese misterio que es también la realidad, bueno, pues eso es lo que ha visto Velázquez.


Ramón Gaya. Detalle de "La Plaza de San Juan". 1975.

Él pinta ese cuadro maravillosamente, porque si no estuviese muy bien pintado, eso no podría darse. No podría hacer desaparecer el cuadro si el cuadro no estuviese muy bien pintado. Porque cuando el cuadro está pintado sabiamente nada más y sólo en nombre de la pintura, sólo quedará la pintura, la cáscara de la pintura, que es precisamente lo que él ha hecho desaparecer. Pero ¿a base de qué? A base de pintar mejor que nadie... claro. No haciendo esos cuadriculados que hace Mondrian... eso es esquivar el bulto. No, eso ni hablar. El arte tiene que ser sobrepasado, el arte tiene que ser sufrido, sobrepasado, hay que ir más allá. Sólo entonces se puede hablar de creación. Si no, no. Si no, no son nada más que objetos de vitrina, que es lo que vienen a ser los cuadros de Braque. Un cuadro de Picasso no es nunca un objeto de vitrina. Si se descuidan los que los tienen colgados, se van por sus pies, se van como pequeños monstruos.


Ramón Gaya. "La Plaza de San Juan". 1975.


* De una entrevista a Ramón Gaya publicada en "Letras" (Valencia) 1981.

viernes, 15 de noviembre de 2013

LAS POSTALES SON TEXTUALES

Postal de Ramón Gaya. Burano.

La desilusión de las gentes descansa en lo mismo que mi entusiasmo: comprobar que las postales son textuales y mentira. Proust, cuando llega por fin a Venecia sufre un desencanto, como Sole y como tantos otros. Son personas que no resisten la belleza de la realidad; son, en el fondo, terriblemente mezquinos porque no quieren renunciar  a ellos, ya que la Venecia para Proust  no era, claro, tal Venecia, sino un Proust que, al llegar a Venecia, naturalmente, deja de valer.

Venezia, 3 de marzo de 1953

Ramón Gaya. De "Anotaciones de diario inéditas". Obra completa. Edt. Pre-Textos 2010.

viernes, 1 de noviembre de 2013

TOBEYO

Portada del libro "Tobeyo, o del amor" de Juan Gil-Albert. Dibujo: "Guillermo" de Ramón Gaya. México 1946.


JUAN GIL-ALBERT
(Necrológica)


     De pronto, un día, vemos que empiezan a desfilar muchos de nuestros contemporáneos: Cristóbal Hall, Juan Bonafé, Luis Cernuda, Carmelo Pastor, José Bergamín, María Zambrano...
     Juan Gil-Albert es uno de esos contemporáneos. No coincidíamos en casi nada y hemos pasado muchas horas -es más, muchos años- discutiendo, pero nos reconocíamos... valores. Yo apreciaba en él, sobre todo, una inteligencia de mucha calidad. En cuanto a su obra de creación, encuentro en ella páginas -como sucede en Azorín, como sucede en Gabriel Miró- de primer orden, exquisitas, pero que nos dejan con un poco de hambre. (Pero todo esto es para hablarlo con él).
     Como amigo, le debo muchísimo, ya que supo acompañarme en los primeros años de nuestro exilio mexicano, con una comprensión casi única.

Ramón Gaya.
Roma, 5 de julio de 1994

viernes, 27 de septiembre de 2013

EL FANTASMA DEL PRESENTE

Ramón Gaya. "La copa" (divertimento cubista) 1948.

…, entonces le digo que el presente... no existe, o mejor, que el presente no es nada, que sobre todo no es nada para el artista, quien, como se sabe, suprime hasta el futuro y no tiene más afán que saltar de lo pasado a lo eterno;  le digo que el presente es algo así como la superficialidad del tiempo; también le digo que el presente quizá no es más que una tentación –claro que no una tentación puesta por el demonio, como es el pecado, sino una tentación puesta por Dios mismo- y que una tentación es siempre un fantasma.

Ramón Gaya. De: "Homenaje a Mariano Orgaz".
Conferencia leída en el Ateneo Español de México, el día 10 de abril de 1949.

viernes, 20 de septiembre de 2013

UN PINTOR SIN META LOGRADA

"Paisaje de Murcia". Óleo de Francisco Fuentes.


FRANCISCO FUENTES
                                              

     En dos escaparates de Murcia (distantes el uno del otro) hemos visto dos cuadros de un pintor joven, desconocido casi por completo “aún”, pero no por ello falto de valores indudables “ya”.
     El pintor Francisco Fuentes; los cuadros “Plaza de Belluga” y “Puente viejo”; el salón de exposiciones (abierto a todos los ojos... abiertos) dos escaparates de la Platería  y la Trapería (crespones y percales que dañan con sus gritos el rumor de rosas y malvas que tanto abundan en “Puente viejo” sobre todo)
     ¿Analizar un cuadro y otro? ¿Para qué? El cuadro solo hecho isla, rodeado de marco por todas partes no nos interesa del pintor joven, del pintor apenas empezado a ser. El cuadro solo, hecho isla, necesita poseer una vida propia tan fuerte que únicamente en los primitivos vemos esa necesidad (que no necesitamos) plenamente satisfecha. Van Eyck pintó así, sin dejar nada para el otro; si no le hubiésemos olvidado por completo no se podría seguir pintando. Ni Goya ni Cezanne pertenecieron nunca, en ningún instante, a los pintores de cuadros “aislados”, definitivos; por eso quizá se conservan tan latentes (tan calientes) aún. El pintor sin meta lograda, sin término, no sé  qué puerta abierta deja a continuación, que lo hace vivo. Del pintor con final alcanzado no sé qué cosa muerta queda que le quita interés. Por eso lo que nos importa es “ver” pintor, buen pintor. En Francisco Fuentes existe; nos basta entonces.

Ramón Gaya
(19 de sep. de 1928)

viernes, 6 de septiembre de 2013

LA PRIMAVERA DE SOFÍA MORALES

Sofía Morales. 1993. Foto: JB.



SOFÍA MORALES

    Se suele creer que existen sólo dos razones de pintores: el de intuición salvaje y el de talento cultivado.¿Nada más? Yo conozco muchas variantes: conozco el de intuición cultivada o acariciada; el de talento natural y sereno; el de talento loco; el de inteligencia.
    Visitando la exposición de Sofía Morales nos encontramos con un nuevo matiz. Sofía Morales es un pintor de intuición no salvaje ni culta, sino de intuición sabida por ella misma. Que ahí está la diferencia maravillosa entre su  intuición y esas otras intuiciones derramadas, derrochadas, volcadas sin dónde, anónimas para siempre. 
    Sofía Morales “sabe” que tiene intuición, tiene clarividencia para verse a sí misma, pero su clarividencia no es de las que yo llamo inteligentes, ni siquiera clara, sino más bien su clarividencia es de sonámbula. Sonámbulos son sus cuadros, y tienen todos ellos un no se qué de matinal con sueño. 
    Sabe que tiene intuición, pero no se preocupa de explorarla, de cultivarla. Sofía Morales se abandona a esas extrañas dotes que ella tiene  de médium vivaz y alegre.  Y digo alegre porque siempre parece que lo que esta  pintora está a punto de revelarnos, de adivinar, es la primavera.  Tanto, que al entrar a su exposición del “Círculo” tenemos un poco la impresión de penetrar en un invernadero, con algo de pecera exquisita, o aún mejor, de copa verde y clara.


Ramón Gaya. Entresacado de una crítica sobre la primera exposición de Sofía Morales en el "Círculo de Bellas Artes" de Madrid, 1935.

viernes, 12 de julio de 2013

LA REALIDAD ATENDIDA

Ramón Gaya. Fragmento de "Homenaje a un olvido", de 1992.


   Se habla de ser realista o de no ser realista, como si se tratara de un asunto que nosotros podemos decidir, optar; no se trata de nuestro gusto, de nuestra voluntad, sino de la necesidad que tiene la realidad misma -que exige de nosotros- de ser atendida, tenida en cuenta, salvada. No podemos desoírla, ni reducirla, ni escogerla artísticamente, es decir, mezquinamente; claro, que tampoco podemos adularla. La realidad no quiere ser adulada, sino atendida, tenida en cuenta.

Ramón Gaya: De: "SAINT TROPEZ (La Provenza), agosto. Anotaciones del diario inéditas. 1952." OC. Edt. Pre-Textos

viernes, 28 de junio de 2013

SER BUENO

Ramón Gaya. Murcia, 30 de marzo de 1979. Foto JB *


Es más fácil hacer el bien que ser bueno. Los que no son verdaderamente buenos se apresuran a hacer el bien, tienen necesidad y más prisa de hacer el bien que el bueno legítimo. El bueno legítimo no tiene interés, intereses en la bondad. Me repugna el bien interesado más que el mal mismo..., porque el bien interesado es un mal al que se añadió la mentira.

Ramón Gaya. De "insistencias" OC Edt. Pre-Textos.

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*.- Era la primera vez que le hacía retratos, no sabía nada de él, de su personalidad e incomprensiblemente me lo llevé a una especie de nave industrial, destartalada y fría. Ahora que lo conozco, al mirar estas primeras imágenes lo percibo incómodo, un poco desesperado, pero en justicia debo decir que en ningún momento rechazó la sesión y ni siquiera hizo comentario alguno sobre lo inhóspito del lugar. Más tarde supe que Ramón "veía" un poco más. Quizá fuese eso.

Juan Ballester

viernes, 14 de junio de 2013

PICASSO, UN CASO DE PODERÍO

Ramón Gaya. Detalle de "Pequeño homenaje a Picasso" 2001

Frente a Picasso había tres preguntas siempre: ¿es pintor?, ¿es artista?, ¿es sincero? Hoy frente a Picasso hay una sola respuesta: es el más grande caso de Poderío. Cada hombre viene con unas dotes y unos valores especiales para todo o aquello (Juan Ramón, para decir con palabras apasionadas y carnosas lo que escapa a los nombres; Falla, para revelarnos lo que tiene la música popular oculto dentro);  pero Picasso viene con unos valores sin qué ni dónde.
Picasso es un valor, pero su valor es una isla inhabitable; por eso han muerto él y su obra juntos, quedando en pie tan sólo sus virtudes, su valor genial, su gran poder, su Poderío. Lo que diferencia a Picasso de las demás figuras altas es que todos “son  esto o aquello genialmente”, mientras que él es sólo genio en principio y fin. ¿Está bien clara nuestra comprensión  del más traído  y llevado  de los españoles?

Ramón Gaya. De: "PICASSO, TRÉBOL DE CUATRO HOJAS". Madrid, 1934. O.C. Edt. PreTextos

Texto completo.

                                                                                  Ramón Gaya. "Pequeño homenaje a Picasso" 2001

viernes, 7 de junio de 2013

DE OBEDIENCIAS

Ramón Gaya. El Niño de Vallecas. Viñeta realizada para el ABC. 1961.

El arte es fe y, por lo tanto, obediencia. La rebeldía es servil.

Ramón Gaya. De "Insistencias". O.C. Edt. Pre-textos.

viernes, 17 de mayo de 2013

TODO ESTABA DENTRO DESDE EL PRINCIPIO

 Ramón Gaya. Detalle de "Homenaje a Hokusai". 1989.


…Todas las cosas –objetos y gentes- que un pintor ha de pintar a lo largo de su vida están ya desde un principio dentro de él, todos los retratos que un pintor se decide a pintar son retratos de personas que ya llevaba él dentro de sí, y las saca a la luz cuando coinciden con alguien exterior, con alguien que se ha tropezado en la vida exterior, es decir, el pintor cuando pinta no sólo ve cosas, sino que ve y escucha, o se escucha, y del buen enlace que haga de eso que está viendo en la realidad y de eso otro que está escuchando en lo profundo de sí mismo, depende que la obra de arte se realice verdaderamente.

Ramón Gaya. Del texto: "Manuel Álvarez Bravo". México 1940. O.C. Edt. Pre-Textos.



Ramón Gaya. "Homenaje a Hokusai". 1989.

viernes, 10 de mayo de 2013

INSENSIBLES ANTE MI PINTURA

 
Ramón Gaya. Fragmento de "Homenaje a Seurat" 1988.

R.G. Tú, que pareces interesarte de veras por mis escritos, tú mismo ante mis cuadros, por ejemplo, te quedas un tanto -perdona que te diga esto- insensible, sin saber qué hacer. Por muchas y muy variadas razones, causas y circunstancias, no me sorprende que pueda suceder así, pero se trata, desde luego, de un error, o mejor, de una confusión.
Se trata, creo yo, sobre todo de un fenómeno que todos conocemos y que se produce siempre que como gustadores y juzgadores nos acercamos, por una parte, a una obra de creación y, por otra, a una obra discursiva, explicativa, reflexiva, expresiva, pensativa, diría yo, aunque el pensamiento más alto, verdadero, sea igualmente creación absoluta. Es decir, que es mucho más fácil percibir y comprender aquello que se dice que aquello otro que se hace o se es.

Ramón Gaya. De una entrevista concedida a Nigel Dennis. Valencia. 1983


Ramón Gaya. "Homenaje a Seurat" 1988.

viernes, 5 de abril de 2013

IR HASTA NUESTRO CENTRO


 Ramón Gaya con Salvador Moreno en el Tevere. Roma. 1 de marzo de 1958.


ANOTACIONES
(En programa de concierto)

     Resulta muy patético ver a un creador de naturaleza tan inactual. En un mundo como el de hoy, terriblemente periodístico, lo más cómodo para una sensibilidad es perecer. Salvador Moreno ha estado muchas veces invitado –incluso atraído- por esa facilidad; no ha muerto, y lo sentimos por su persona, ya que así le espera un sufrimiento absoluto, sin descanso. Pero no se puede sufrir con limpieza, es decir, con legitimidad, si no hemos liquidado todos nuestros afanes –esos afanes que en nuestra juventud confundimos con la esperanza misma-, porque sólo un sufrimiento puro, un sufrimiento sin disgusto, sin contrariedades pegadas a él, será un sufrimiento válido.
     Salvador Moreno, que no comprende a su instinto –ha pasado treinta años obstaculizándolo- va en busca, no de algo exterior a él, como todavía supone, sino de su propia naturaleza. Ir hasta nuestro centro es lo que nos ha sido encomendado, no como un vanidoso narcisismo -esa es la interpretación periodística y socialera de hoy-, sino precisamente como una humildad. A este joven músico yo le pediría que, cuando tropiece con su verdadera esencia -la suya podría llamarse desamparada sensibilidad- sepa mirarla con el respeto que se necesita para todo lo que, aún siendo nosotros mismos, no es nuestro. Ser un creador verdaderamente grande (Velázquez, San Juan de la Cruz, Mozart) no es más, posiblemente, que tener el valor de obedecer; lo que suponíamos que era una calidad suprema, quizá no es sino una conducta suprema, es decir, sumisa, amorosa.
     Para Salvador Moreno, obedecer a una sensibilidad tan desamparada como la suya es hoy, claro, muy difícil, casi una cruz, ya que se trata de algo sin éxito, sin cotización actual, pero es necesario.
 
Ramón Gaya
México, 15 de octubre de 1951
Edt. Pre-Textos O.C. 2010.

viernes, 8 de marzo de 2013

LO QUE QUIERE EL RENACIMIENTO

Ramón Gaya ante el Lavatorio, de Tintoretto. Museo del Prado. 1960.

El Renacimiento no quiere, en absoluto, resucitar el pasado, sino hacer duradera, completa, extensa la deslumbradora y totalitaria modernidad que acaba de concebir: no una diminuta modernidad fugitiva, sino una modernidad que fuera por fin como un todo, que abarcara lo antiguo, fuera el presente y alcanzara de antemano lo venidero; que lo abarcara en un mismo abrazo.

Ramón Gaya. De: Conjunto de anotaciones sin fecha. OC. Edt. Pre-Textos.

viernes, 14 de diciembre de 2012

LO MODERNO VIVO

 Ramón Gaya. Detalle de "Homenaje a Velázquez. 1996.


Me di cuenta de que moderno no podía querer decir nada si no quería decir simplemente vivo,  y de que mientras el cuadro de Braque de la semana pasada se había petrificado rápidamente en una pieza de museo, es decir, de arte artístico, el cuadro de Las Meninas, pese a su marco, su habitación especial, su estúpido espejo, no lograba nunca ser apresado, encerrado, inmovilizado, y nos sorprende siempre con su fragancia, no ya eterna, sino actual, viva-actual. Mi vuelta de París, a los diecisiete años, habría de ser decisiva. El vaivén del arte artístico, construido, ejercido, no me interesaba, y el arte que me interesaba no era... arte, sino vida. De ahí que mi labor de pintor y de escritor se haya mantenido, durante treinta años, en una especie de retiro consciente, y salvo dos premios lejanísimos, y dos distanciadas exposiciones en América, es ahora -con una exposición de cuadros y la publicación de un libro- cuando me parece salir de verdad al exterior. No es, para la naturaleza de mi pintura, un momento favorable, ya que los ojos del espectador siguen impregnados de esa modernidad convencional que se les sirviera a principios de siglo y que, pasados unos años de autenticidad y vitalidad magníficas -con Juan Gris, Picasso y Paul Klee-, viene arrastrándose, por lo menos durante los treinta años últimos, en una especie de vejez retocada. Pero no se trata de buscar el momento propicio, sino de escuchar nuestras obligaciones.

Ramón Gaya. Italia 1959. De "Autorretrato". OC. Edt. PreTextos.



Ramón Gaya. "Homenaje a Velázquez (Las Meninas) 1996.

viernes, 30 de noviembre de 2012

LAS MENINAS: UN CUADRO DESDEÑOSO DEL ARTE

Las Meninas, de Diego Velázquez.


LAS MENINAS 
(Velázquez, Sevilla, 1599- Madrid, 1660)


      Este cuadro no es que sea perfecto, sino absoluto. La perfección se produce siempre en un plano mísero, más falso, más artificial, es decir, cuando una obra ha sido construida. Pero la creación, la creación verdadera, no puede estar sometida a esos valores artesanos. Lo que está vivo -y creación no es más que vida- no puede ser perfecto ni imperfecto; la perfección puede producirse, alcanzarse o, no, tan sólo en una obra inanimada. Es cierto que en algunas esculturas griegas se llegó a una perfección, pero ahora nos damos cuenta de que llegaron a esa perfección, precisamente, las peores. Praxiteles es, sin duda, más perfecto que Fidias, pero Fidias es más, mucho más, está vivo, es creación viva.  Las Meninas es un cuadro sin semejante en la pintura, pero que no invalida, por ello, los demás cuadros del propio Velázquez ni los de otros pintores.
      Es un cuadro indiferente al arte, desdeñoso del arte, pero no condenador del arte. Es el único cuadro que ha podido sustraerse por completo a la atractiva prisión del arte; por eso los estetas, frente a ese lienzo milagroso, se sienten incómodos, y cuando su necedad  es tanta que se atreven a negarlo, tartamudean esas vaguedades insulsas como “imparcialidad del ojo”, “excelencia de factura pictórica”, “observación justa de la luz”, “ilusión de la realidad”; lo cierto es que ante Las Meninas no saben qué hacer, decidir o decir, como no saben qué hacer, decidir o decir ante un árbol o un cielo; los estetas enmudecen ante la vida, ya que ésta no se mueve en el ingenioso tablero artistizante.  
   
Ramón Gaya. México, 1955. O.C. Edt. PreTextos

viernes, 16 de noviembre de 2012

FLORENCIA ES COMO UN PATIO

Ramón Gaya. Detalle del "Omaggio a Firenze". 1989.



FLORENCIA

El esplendor de Florencia es, sin duda, único, y sobre todo, de carácter especialísimo, porque no parece el esplendor de una ciudad, sino más bien el esplendor de un patio, de un gran patio señorial, sonoro, de castillo recio. Si Roma es como una plaza, Florencia es como un patio, un patio que se dispone a grandes fiestas, no con motivo de tal victoria o tal personalidad, sino de algo mucho más silvestre; como si se tratara, tan sólo, de festejar la luz, o el aire, o las colinas que rodean y modelan la intimidad de ese recinto. Es cierto que en Florencia hay mucho arte grande por las esquinas, pero parece estar allí, por allí, con cierto aspecto de provisionalidad -mientras dure la fiesta- que borra en nosotros toda posible sensación de museo quieto; las estatuas callejeras -que allí son, claro, esculturas del Verrocchio, de Ghiberti, de Donatello, de Miguel Ángel, de Cellini, de Juan de Bolonia- gozan de una libertad, de un desorden tan gustoso, que más que una rigurosa existencia de estatuas, parecen llevar una vida de pilletes, con su sabida mezcla de cinismo y desamparo. Florencia es toda de un ocre gris y polvoriento, no triste, sino delicadamente monótono; sí, creo que en Florencia puede llegar a sentirse una especie de monotonía o mejor, de aburrimiento alimenticio, corpóreo, escultural, de bulto, es decir, un aburrimiento lleno, pleno, que satisface. Los duros palacios -que arrancan del suelo como fortalezas, con su cantera a medio desbastar, casi bárbara- terminan siempre en unos aleros finos, airosos, de una gran sensibilidad señorita. Los olivos parecen bajar de los cerros y acercarse confiadamente a la ciudad como si fueran gorriones mansos, o gallinas ociosas, viejas. También los cipreses pueblan con lujo todas aquellas amistosas líneas del terreno, y viven, ya se sabe, no con el vegetal abandono de otro árbol cualquiera, sino con esa gozosidad dura como una ley, que sólo ellos pueden sostener; los cipreses son otras esculturas, se diría que están habitados por una quietud, o mejor dicho, por una atención de esculturas. Irse de una ciudad como Florencia es, pues, difícil, no por encerrar más belleza que otras, sino porque la Belleza y el Arte -que parecen representar siempre una como separación de la vida- tienen allí ese carácter único de fiesta cotidiana, de fiesta de patio, casi de corral.

Ramón Gaya. O.C. Edt. Pre-Textos.


Ramón Gaya. "Omaggio a Firenze". 1989.