La Naturaleza se había retirado poco a poco; primero el sol, después la luz, más tarde el color y su sustancia; todo se lo engullían aquellos pilares últimos de la realidad, y así enriquecidos por dentro, me parecieron, de pronto, una... frente, la concentración, el espesor de una frente, el nublado de un entrecejo pensativo.
Este no es un lugar de trabajo, sino de vida. El
arte, la industriosidad del arte, ha quedado allá lejos, como una pasión
pueril, juvenil, petulante, vanidosa, tonta.
Entre lo supremo y lo
mediocre hay muy poca distancia, pero se trata de un... abismo; de ahí que no
se entienda la diferencia de un natural de Camino y un natural de
Ostos; puede, incluso, estar dado -construido, concebido, planeado- igual,
pero no es lo mismo; tampoco se trata de una superioridad de estilo, sino de
una diferencia abismal de esencia.
Homenaje a Van Gogh. El puente de l'Anglois, 1998.
Van Gogh viene a llamarnos la atención sobre tal almendro, o tal ciprés, o tal puente, o tal girasol, o tal silla, y a decirnos que no son cosas, sino seres, más aún, personas completas, almas en carne viva.
Había que encararse con aquel exceso que me escandalizaba y embelesaba a la vez, o mejor, tenía que incorporarme a su ritmo extraño, único. Porque en aquellas horas que llevaba de estar en Venecia había percibido eso: un ritmo, un ritmo de carácter, sin duda, muy difícil, una rara combinación de contrarios, una fusión de ligereza y lentitud, una especie de facilidad contenida que, más tarde, me pareció reconocer, ver corroborada en el especialísimo fluir de las góndolas.
Pero la belleza, la terrible belleza está ahí,
delante de nosotros sin remedio, inevitable; es algo existente, y evidente que
clama, que reclama, que exige, que pide.
R.G. Tropiezo y contrariedad de la belleza, Italia, 1976
Tarde increíble de sol oro-viejo, coloreada, exaltada, con ese toque casi... triste en que va a parar siempre la alegría, cuando la alegría se excede y culmina y, claro, termina; tropieza al final con otra cosa que ya no es ella -la alegría-, y que... parece, al menos, quizá, por contraste, la tristeza.
No, no importa que hayamos vivido, que tengamos aprendido demasiado; bastará que nos quede en el alma un resto de aquellas mariposas intactas que habitan todas las adolescencias. Porque para volver a ser ángel (aún después de mucho cieno), es suficiente querer, desearlo de verdad.
CITA Nº 406.- CREAR Y DISFRUTAR. Todo el que disfruta cree que lo que importa del árbol es el fruto, cuando en realidad es la semilla.- He aquí la diferencia que existe entre los que crean y los que disfrutan.
De Nietzsche. "A los espíritus libres" Ed. Trazo, 1980.
CITA Nº 293.- INCOMPRENSIBLE, INSOPORTABLE. Un joven no puede comprender que alguien de más edad le haya ya adelantado en sus arrobamientos, sus auroras sentimentales, sus cambios de pensar, y sus elevaciones: se ofende a la sola idea de que esto haya podido existir dos veces, -pero toma una actitud enteramente hostil cuando se le dice que no se puede ser fecundo sin perder estas flores y sin pasarse sin su perfume. (El subrayado, las negritas, es de Ramón Gaya)
De Nietzsche. "A los espíritus libres" Ed. Trazo, 1980.